Hace unos días se clausuraba la trigésimo octava edición de la Semana de Cine de Medina del Campo, y volvemos a recuperar para este mes de marzo al séptimo arte como elemento clave para la entrada de nuestro Blog Ysabel.

Comenzaré estas líneas confesando que me encontraba en el interrogante de a qué personaje histórico podría dedicarle estas líneas. Claro esta que encontramos muchas opciones, pero para ello comencé recapitulando las figuras que ya había tratado anteriormente. Habíamos plasmado las tantas y peculiares representaciones cinematográficas que se habían hecho de Isabel la Católica. Pase por otras figuras femeninas de carácter como María Pacheco o el tan complicado fenómeno de Juana I de Castilla. También pensé que podría dedicárselo a un personaje masculino, pero de nuevo recopile que ya habíamos dedicado otros blogs a Fernando el Católico y al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V. 

Así que tras mucho pensar decidí que nuestra entrada de este mes comenzaría con la siguiente pregunta,  ¿El cine se convierte en un elemento didáctico para enseñar la historia?

Antes de meternos en materia haremos dos distinciones sobre el cine y la historia. La primera, es que el cine puede utilizarse como un elemento educativo para explicar la historia, quiero decir, si la película es contemporánea al hecho histórico, por ejemplo, en el film de Edward Zwick, Diamantes de Sangre (2006), nos explica lo que está ocurriendo con el tráfico de diamantes para financiar la guerra civil en Sierra Leona y serviría para explicar un hecho histórico actual.   La segunda idea es que apenas han pasado poco más de 120 años desde la invención del cine, por lo que muchos hechos históricos que vemos en las películas son inactuales a la invención del cine y esta es la dialéctica que nos ocupara estas líneas.

Don Felipe y Doña Juana. Imagen Rimado Conquista de Granada. Pedro Marcuello. s. XV.

El cine es entendido por muchos como un mero entretenimiento y no se aprecia como un documento histórico e incluso es tirado por tierra por muchos historiadores, pero yo quiero hacer un cierto alegato defendiendo al séptimo arte. Es verdad que muchas veces somos engañados en el cine y también ha hecho que nos creemos ciertas expectativas sobre épocas pasadas que se alejan mucho de la realidad, pero también es cierto que el cine histórico gusta y eso ha permitido que la materia de historia se vea de otra manera, que deje de ser un “rollo” y pueda llegar a enganchar al alumnado y le lleve a preguntarse sobre otras épocas y seguir investigando sobre ella. 

El siglo XXI se ha convertido en la era de interactuar con las TIC y  si acudes a un centro educativo no encontrarás un aula que no tenga una pantalla para poder proyectar una imagen en movimiento. El libro de texto se ha convertido es un elemento más del recurso didáctico y no en el único como en épocas pasadas. Cada vez es más habitual encontrar dentro de un aula como el docente acude a diferentes fuentes cinematográficas para explicar la historia, sin olvidarnos que el cine no lo asimilamos como un documental, sino que se permite ciertas licencias que hacen que el espectador entre de otra manera ante el hecho histórico.

Cuando el alumnado ve una película o una serie de televisión su forma de aprendizaje reside en que interpreten como documento histórico el cómo se trasmite una época, su forma de vestir, lo que se comía, sus mentalidades, las actitudes, cómo era el urbanismo o la manera en que convivían las diferentes culturas. Estos son los elementos que hace que los alumnos puedan entender una época histórica y que el espectador no se quede con la idea de que Isabel la Católica era como Michelle Jenner o que Juana I era como Pilar López de Ayala, licencias de esas históricas que hablábamos anteriormente y que hace que enganche al público.

Fotografía de la película Juana la Loca. Vicente Aranda. 2001.

Formerly Piero della Francesca. Ideal City. Galleria Nazionale delle Marche. Urbino.

Para que no caigamos en estos maniqueísmos a la hora de representar por ejemplo este final de la Edad Media o el Renacimiento y hallamos creado un imaginario colectivo a través de otro tipo de imágenes como los cuadros históricos, sino que en las películas es fundamental que cuenten cada vez más con asesores históricos, profesionales por tanto fundamentales y que eso hace que su estudio, cuidado y dedicación a la hora de velar la historia, el film nos sirva como documento histórico.

Así que respondiendo a la pregunta con la que iniciamos estas líneas, si creo que el cine puede y debe ser utilizado como recurso didáctico. Creo que se convierte en un elemento fundamental para acercar una época de una manera más “lúdica” no solo al alumnado, sino a todo aquel que quiera saber más sobre un hecho histórico porque da lugar a un interés y quizás haga que se ahonde sobre el tema histórico.

Por Beatriz Calvo Checa.

Historiadora del Arte.

Bibliografía

MONICA BOLUFER y JUAN GOMIS. Historia y cine. La construcción del pasado a través de la ficción. Institución Fernando el Católico (2016).